
Hace dos años te esperaba con ansias de primerizo. No sabía lo que era alzarte, eras un pequeño misterio para mí. Todo lo que le pedía a la vida era poder verte, poder alzarte y llenarte de besos.
Te esperé y fue un día gris.
Hoy te veo dormir en mi cama, sin saber apenas la felicidad que causa tu compañía en mí, tu papá, al punto que trato de alargar cada minuto con vos, disfrutando cada paso, cada etapa.
Hoy gracias a vos soy un papá realizado, con mucho por hacer y mucho por aprender, pero puedo decir con justicia que me he dedicado a vivir la vida a tu lado. Para muestra, este libro que empezó retratando tu ausencia y la falta que me hiciste en tus primeros días, se ha vaciado de páginas; cada página que no he escrito es una que he gozado a tu lado, es una ida al parque, al volcán o a la playa, un dibujo que hacemos juntos, una torre que construimos...